Qué es la artrosis astrágalo escafoidea
La artrosis astrágalo-escafoidea se produce cuando el cartílago articular que recubre la unión entre el astrágalo y el escafoides se desgasta progresivamente. Este deterioro provoca fricción entre los huesos, inflamación de la articulación y dolor en la zona dorsal del pie.
En muchas ocasiones esta artrosis aparece junto con procesos degenerativos en otras articulaciones del pie o del tobillo. En algunos pacientes su origen es desconocido, lo que se denomina artrosis primaria.
En otros casos la artrosis aparece como consecuencia de traumatismos previos, fracturas o procesos de osteonecrosis del astrágalo o del escafoides. En estas situaciones se habla de artrosis secundaria postraumática.
Síntomas de la artrosis astrágalo escafoidea
Los síntomas pueden variar dependiendo del grado de desgaste articular. En fases iniciales el dolor suele aparecer tras caminar durante un tiempo prolongado o realizar actividad física.
A medida que la enfermedad progresa pueden aparecer otros síntomas como molestias en el dorso del pie, sensación de rigidez o dificultad para realizar determinadas actividades.
En los casos más avanzados algunos pacientes presentan una ligera deformidad o abultamiento en la parte superior del pie, acompañado de dolor al caminar o imposibilidad para correr.
Diagnóstico de la artrosis astrágalo escafoidea
El diagnóstico de la artrosis astrágalo escafoidea en Aranjuez comienza con la valoración clínica del paciente y la exploración física del pie.
Durante la consulta el especialista evalúa el origen del dolor, la movilidad de las articulaciones y la presencia de posibles deformidades.
Las pruebas de imagen son fundamentales para confirmar el diagnóstico y valorar el grado de afectación de la articulación.
La radiografía del pie suele ser suficiente para identificar los cambios degenerativos característicos de la artrosis. Habitualmente se realizan radiografías dorsoplantar, lateral y oblicua del pie, muchas veces en carga para evaluar correctamente la biomecánica.
En determinados casos también puede solicitarse una resonancia magnética, que permite analizar con mayor detalle el estado de los huesos, los tendones y las articulaciones del pie.
Cuando se plantea un tratamiento quirúrgico puede ser necesario realizar un TAC o escáner, que permite obtener reconstrucciones tridimensionales de los huesos y facilita la planificación de la cirugía.
Tratamiento conservador de la artrosis astrágalo escafoidea
En las fases iniciales o moderadas de la enfermedad el tratamiento suele ser conservador y tiene como objetivo reducir el dolor y mejorar la función del pie.
Una de las primeras recomendaciones es disminuir temporalmente la actividad que provoca sobrecarga en el pie. En su lugar se aconsejan ejercicios de bajo impacto como la bicicleta o la natación.
La fisioterapia puede ayudar a fortalecer la musculatura del pie y mantener la movilidad de las articulaciones.
En algunos pacientes también pueden utilizarse condroprotectores, suplementos que contribuyen a proteger el cartílago articular y pueden ayudar a ralentizar la progresión del deterioro.
Plantillas e infiltraciones para la artrosis del pie
El uso de plantillas personalizadas puede ser muy útil para mejorar el apoyo del pie y reducir la presión sobre la articulación afectada.
Cuando el dolor es más intenso pueden utilizarse tratamientos infiltrativos que ayudan a controlar la inflamación y mejorar los síntomas.
Entre las opciones disponibles se encuentran las infiltraciones con corticoides, las infiltraciones con ácido hialurónico y las inyecciones periarticulares con colágeno o medicamentos biorreguladores.
Estas técnicas pueden resultar especialmente eficaces en las fases iniciales de la enfermedad.
Cirugía de la artrosis astrágalo escafoidea en Aranjuez
Cuando el tratamiento conservador no consigue aliviar el dolor o mejorar la funcionalidad del pie, puede plantearse el tratamiento quirúrgico.
La técnica más utilizada en estos casos es la artrodesis astrágalo escafoidea, un procedimiento que consiste en fijar la articulación afectada para eliminar el dolor producido por el movimiento articular.
Aunque esta intervención reduce la movilidad de la articulación, permite mejorar de forma significativa la estabilidad y la funcionalidad del pie.
En la mayoría de los pacientes esta pérdida de movilidad resulta poco relevante para las actividades cotidianas.