Antes dabas paseos largos sin pensarlo. Ahora sales a comprar y, a los diez minutos, notas que las piernas pesan, se acorchan o empiezan a doler, y buscas con la mirada un banco donde sentarte. Te sientas, esperas un par de minutos y el alivio llega solo. Te levantas, caminas otro tramo y vuelve a pasar. Y hay un detalle curioso que quizá ya has notado: empujando el carrito de la compra, ligeramente inclinado hacia delante, aguantas mucho más.
Ese patrón tan reconocible (dolor o pesadez en las piernas al caminar que mejora al sentarse o al inclinarse hacia delante) se llama claudicación neurógena, y su causa más frecuente es la estenosis de canal lumbar: un estrechamiento del conducto por el que pasan los nervios en la parte baja de la columna. En centroclinicoquirurgico lo vemos a diario en consulta, sobre todo a partir de los 60 años, y casi siempre con la misma historia detrás: meses o años atribuyéndolo a la edad o a la mala circulación.
Qué es la estenosis de canal lumbar
La médula espinal y las raíces nerviosas viajan por un túnel óseo, el canal vertebral. Con el paso de los años, las estructuras que rodean ese túnel van cambiando: las articulaciones de la columna se hipertrofian por la artrosis, los ligamentos se engrosan y los discos pierden altura y protruyen. Cada uno de esos cambios resta unos milímetros de espacio. Cuando la suma es suficiente, los nervios que bajan hacia las piernas quedan comprimidos, especialmente al estar de pie y al caminar.
Por eso la postura importa tanto. Al inclinarte hacia delante (sobre el carrito, al subir una cuesta, al ir en bicicleta), el canal se abre unos milímetros y los nervios respiran: los síntomas se alivian. Al caminar erguido o al estar de pie parado, el canal se cierra y los síntomas aparecen. Esa dependencia de la postura es la firma de la estenosis de canal.
El síntoma clave: caminar cada vez menos distancia
La claudicación neurógena no siempre duele en sentido estricto. Los pacientes la describen de muchas formas: pesadez, acorchamiento, hormigueo, calambres, sensación de piernas que no responden. Puede afectar a una pierna o a las dos, y suele acompañarse de dolor lumbar, aunque no siempre. Lo característico es la evolución: la distancia que puedes caminar sin parar se va acortando con los meses. Primero eran paseos de una hora, luego media, luego de banco en banco.
Cómo distinguirla de un problema de circulación
Existe otra claudicación, la vascular, causada por la falta de riego en las arterias de las piernas, y conviene diferenciarlas porque el tratamiento no tiene nada que ver:
- En la estenosis de canal, el alivio necesita sentarse o inclinarse hacia delante; pararse de pie sin más no suele bastar. Subir cuestas o pedalear se tolera sorprendentemente bien.
- En la claudicación vascular, basta con detenerse para que el dolor ceda, aunque sigas de pie, y las cuestas empeoran claramente los síntomas.
La exploración física y, si hace falta, un estudio vascular con eco Doppler permiten aclarar el origen. Es una de las razones por las que este cuadro merece valoración médica y no autodiagnóstico.
Cómo se diagnostica la estenosis lumbar
El diagnóstico empieza por la historia clínica: el patrón de los síntomas orienta muchísimo. La exploración neurológica valora fuerza, sensibilidad y reflejos, y la prueba de imagen de referencia es la resonancia magnética lumbar, que muestra dónde y cuánto se estrecha el canal y qué raíces nerviosas están comprometidas.
Un matiz importante: la resonancia se interpreta siempre junto a los síntomas. Hay personas con estrechamiento visible en la imagen y pocas molestias, y al revés. Tratamos pacientes, no resonancias, y por eso la indicación de cada tratamiento se decide de forma individualizada en nuestra Unidad del Dolor en Aranjuez.
Tratamiento de la estenosis de canal lumbar: del más sencillo al más avanzado
La estenosis es un proceso degenerativo, así que el objetivo realista del tratamiento es doble: aliviar los síntomas y recuperar función, sobre todo la capacidad de caminar. La buena noticia es que hoy existe un abanico amplio de opciones entre no hacer nada y operar.
Medidas conservadoras
En fases iniciales, la combinación de medicación adecuada, ejercicio terapéutico dirigido (con trabajo de flexibilización lumbar y fortalecimiento del tronco) y ajustes de actividad puede mejorar de forma notable la tolerancia a la marcha. La bicicleta estática, por ejemplo, permite mantener la forma física sin desencadenar síntomas.
Bloqueos e infiltraciones epidurales
Cuando lo anterior se queda corto, las técnicas intervencionistas guiadas por imagen permiten actuar directamente sobre la zona comprimida. Los bloqueos epidurales administran medicación antiinflamatoria alrededor de las raíces nerviosas irritadas, con precisión y de forma ambulatoria. Si parte del dolor procede de las articulaciones facetarias hipertrofiadas, técnicas como la radiofrecuencia en Aranjuez pueden reducir el componente lumbar del cuadro.
Epidurolisis y epiduroscopia
En pacientes seleccionados con estenosis de canal, la epidurolisis y la epiduroscopia permiten acceder al espacio epidural por vía mínimamente invasiva, liberar adherencias y depositar la medicación exactamente donde se necesita, incluso visualizando el interior del canal. Es una alternativa intermedia muy valiosa para quienes no mejoran con infiltraciones convencionales pero no son candidatos a cirugía abierta, o prefieren agotar opciones menos agresivas.
¿Y la cirugía?
La cirugía descompresiva tiene su papel, sobre todo cuando aparecen déficits neurológicos progresivos (pérdida de fuerza, alteraciones de esfínteres) o cuando la limitación para caminar es severa y no responde a nada más. Pero no es el primer paso ni el único camino, y decidirla exige sopesar edad, estado general y expectativas. Conviene saber, además, que un porcentaje de pacientes operados de columna puede presentar dolor persistente después de la intervención, como explicamos al hablar del síndrome postquirúrgico lumbar. Razón de más para que la indicación quirúrgica sea cuidadosa y llegue en el momento adecuado.
Señales que no conviene dejar pasar
Consulta sin demora si, además del dolor al caminar, notas alguna de estas señales:
- Pérdida de fuerza en un pie o una pierna (el pie que se arrastra o tropieza).
- Acorchamiento en la zona genital o perineal.
- Dificultad nueva para controlar la orina o las heces.
- Dolor que ya aparece en reposo o por la noche y no cede con el cambio de postura.
Recuperar tus paseos es un objetivo médico, no un lujo
Caminar es salud cardiovascular, autonomía y estado de ánimo. Resignarse a caminar de banco en banco «porque son los años» significa renunciar a todo eso cuando existen tratamientos escalonados, mínimamente invasivos y adaptados a cada caso. En el Centro Clínico Quirúrgico de Aranjuez estudiamos cada estenosis de canal de forma individualizada, con diagnóstico preciso y un plan que empieza siempre por la opción menos agresiva que pueda funcionar.
Si te reconoces en lo que has leído, no esperes a que la distancia se acorte más: pide tu cita en nuestra Unidad del Dolor y pongamos nombre, y solución, a ese dolor de piernas al caminar.